El dolor lumbar es el motivo de consulta más frecuente en nuestra clínica de Torrent, y también uno de los que más dudas genera. La pregunta que nos hacen casi todos los pacientes en la primera visita es la misma: ¿esto se pasa solo, tengo que ir al médico, o debería haber venido antes?
No hay una respuesta única, pero sí hay criterios claros. Este artículo explica cuáles son.
La mayoría de los dolores lumbares no tienen una causa grave
Alrededor del 90 % de los episodios de dolor lumbar se clasifican como dolor lumbar inespecífico: no hay una lesión estructural concreta que explique el síntoma. Suele aparecer tras un esfuerzo, un mal gesto o simplemente después de una temporada de mucha silla y poco movimiento.
Eso no significa que el dolor no sea real ni que no merezca atención. Significa que, en la mayoría de los casos, la evolución natural es buena y que el objetivo del tratamiento es acortar ese proceso, evitar que se cronifique y devolverte la confianza para moverte.
Señales de alarma: aquí no empieces por el fisioterapeuta
Hay situaciones en las que lo correcto es una valoración médica antes que cualquier tratamiento de fisioterapia. Si te reconoces en alguna de estas, acude a tu médico o a urgencias:
- Pérdida de fuerza en la pierna o el pie — que se te caiga el pie al andar, que tropieces, que no puedas ponerte de puntillas.
- Alteraciones para orinar o defecar, o adormecimiento en la zona de la entrepierna. Es una urgencia.
- Fiebre acompañando al dolor de espalda.
- Traumatismo importante: una caída de altura, un accidente de tráfico o un golpe fuerte, sobre todo si tienes osteoporosis o más de 65 años.
- Dolor que no cede en reposo y te despierta por la noche, de forma mantenida.
- Pérdida de peso sin explicación, o antecedentes de cáncer.
En KOORE, si detectamos cualquiera de estos signos en la valoración inicial, derivamos. No tratamos por delante de un diagnóstico médico que aún no está hecho.
Cuándo sí tiene sentido venir a fisioterapia
Descartado lo anterior, la fisioterapia es una buena primera opción cuando:
- El dolor lleva más de una semana sin mejorar de forma clara.
- Te limita para trabajar, dormir o entrenar.
- Es la tercera o cuarta vez que te pasa. La recurrencia es la señal más clara de que algo en tu movilidad, tu fuerza o tu carga diaria no se ha resuelto.
- Notas dolor que baja por la pierna, sin pérdida de fuerza.
- Has tenido un episodio agudo y quieres volver a la actividad sin recaer.
El error más repetido: el reposo prolongado
Durante años se recomendó guardar cama varios días ante una lumbalgia. Hoy sabemos que el reposo prolongado empeora el pronóstico: se pierde tolerancia al movimiento, aumenta el miedo a moverse y el episodio se alarga.
La recomendación actual es mantener la actividad dentro de lo que el dolor permita. Caminar, cambiar de postura con frecuencia y evitar quedarse quieto suele ser mejor que el sofá, incluso los primeros días.
Qué hacemos en la primera visita
La valoración dura entre 45 y 50 minutos. Empezamos preguntando: cómo empezó, qué lo mejora, qué lo empeora, a qué te dedicas, cuánto te mueves. Después exploramos movilidad, fuerza y sensibilidad, y descartamos las señales de alarma.
A partir de ahí combinamos terapia manual para bajar el síntoma con ejercicio terapéutico para que el resultado se sostenga. Cuando hay puntos gatillo muy marcados, la punción seca puede ayudar a desbloquear la fase inicial, pero no sustituye al trabajo activo.
¿Cuánto tarda?
La mayoría de pacientes con un episodio agudo nota cambios en las primeras sesiones. Recuperar la capacidad de moverse con confianza —que es lo que realmente evita la recaída— lleva más tiempo y depende de cuánto te muevas fuera de la consulta.
Si llevas semanas con dolor lumbar y no sabes por dónde empezar, puedes consultar nuestro servicio de fisioterapia en Torrent o escribirnos y te orientamos sobre si tu caso necesita valoración médica previa.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye una valoración individual realizada por un profesional sanitario. Revisado por Mario Muela, fisioterapeuta colegiado nº 5722 por el Ilustre Colegio Oficial de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana.